Este tema ya lo hemos conversado desde Data Shield, pero quería explicarlo desde mi experiencia.

Muchas veces la conversación parte con “necesitamos una nueva plataforma”. Y a veces sí. De verdad. Hay plataformas que ya dieron lo que tenían que dar, sistemas que no se hablan entre sí, herramientas que hacen la vida más difícil en vez de más fácil. Pero otras veces, y esto pasa más seguido de lo que uno cree, el problema está antes. Mucho antes. Antes de la tecnología, antes del proveedor, antes de la cotización. El problema es que nadie tiene una visión completa de qué datos existen en la empresa, dónde están, quién los usa, cómo se transforman y qué decisiones dependen de ellos. Y sin esa visión, cualquier plataforma nueva se instala sobre el mismo desorden de siempre. Solo que ahora el desorden es más caro.

Mapa de datos

Cuando el problema es de arquitectura, no de software

  1. En la operación: dos áreas pelean por cifras distintas y nadie sabe cuál es la correcta, porque cada una saca sus números de un lado distinto.
  2. En el riesgo: nadie puede decir con certeza dónde está la información sensible, así que tampoco puede protegerla ni responder por ella.
  3. En el cumplimiento: llega una solicitud, de un cliente, de un auditor, de la futura Agencia de Datos, y la respuesta depende de adivinar dónde vive esa información.Esto no es un asunto de área TI.

Plataformas mal compradas

Cuando no existe un panorama claro de los datos, el efecto se siente en toda la empresa: Ahí es donde la arquitectura de datos deja de ser un tema técnico y empieza a tocar directamente la operación, el riesgo y el cumplimiento. No porque la tecnología sea mala, sino porque la falta de mapa se paga en todos lados.

No se trata de comprar menos tecnología por principio

Quiero ser claro con esto: la moraleja no es “no compren nada”. A veces la plataforma nueva es exactamente lo que necesitas. La moraleja es: antes de comprar, hay que entender primero qué problema estamos tratando de resolver. Y esa pregunta, tan simple, casi nunca se hace con calma. Un panorama de datos, un inventario honesto de qué información existe, dónde está, para qué se usa y quién depende de ella, suena aburrido. No es disruptivo, no tiene demo, no viene con estuche. Pero cambia completamente la conversación: de “qué plataforma compro” a “qué necesito que la plataforma haga por mí”. Y la mayoría de las veces, descubres algo valioso: que ya tenías más de lo que pensabas, que hay datos duplicados peleándose entre sí, o que el problema que querías resolver con software se resolvía con un proceso claro.

plataformas de datos mal compradas

La próxima vez que alguien diga “necesitamos una nueva plataforma”, vale la pena hacer una sola pregunta antes de partir: ¿alguien acá tiene el mapa completo de nuestros datos? Si la respuesta es sí, genial: a comprar con criterio. Si la respuesta es silencio, ahí está el verdadero proyecto. Y conviene hacerlo antes de la plataforma, no después.